Una cosa lleva a la otra


He conocido a varios amigos que me han descrito a su chica perfecta, desde su figura física, hasta la última neurona que debe estar compuesta.
De muchas figuras y muchas formas aquellas mujeres imaginarias, debieron pasar ese lapsus o cambio que nos toca en algún momento de la vida. 
Ese cambio se siente al ver una foto vieja, o toparte con amigos de la infancia, o si tienes algún escrito antiguo (incluyendo mails)   cuando lo vuelves a leer, sientes como el tiempo ha modificado algo en ti. 
Todo eso me hace pensar que no siempre se es uno, como se recuerda. Y el cambio se da.

No puedo decir que siempre he sido de una sola manera, y mi correo de yahoo, (ese que lo utilizaba en mis tiempos colegiales), es el primer delator del personaje  que representaba en aquellos tiempos. Pues bien, un día de esos ociosos, recordé dicha cuenta, accedí, y ualá !!!! ahí estaban; aquellos correos de mis momentos vergonzosos. Cartas. Asquerosas cartas. Esa mujer estaba completamente equivoqueiter diría los Les Luthiers, en fin, esa era yo, derrochando amor al único estilo de Marimar, sufriendo por estupideces como el amor imposible, y trágicos encuentros con separaciones inevitables. Ahí, estaba de nuevo yo. 
Con cada hoja electrónica leída recibía  "Un calambre al ojo". 

Mi memoria trataba de recordar cómo  era en esos tiempos, pero nada. <Ya veo porque no tengo muchos recuerdos>

Tan cursi era yo? Sí, y si que lo era.

Con aquellos escritos precoces, visualicé a  Gustavo. Mi novio del colegio. Mi recuerdo mas sano de él, fue de esa vez, que temprano en el colegio, se acercó a mi y me entregó un pilo de hojas arrancadas, me miró con ojos tristes y se perdió entre la multitud de estudiantes. Él escribía, como lo hacen los colegiales trastornados. Frases incompletas.

Ese pilo de hojas eran todos los poemas que algún día me había escrito. No entendía por qué me los entregó de esa forma, pero cuando leí uno en especial, con fecha  de un día anterior, me dí cuenta de todo. Me estaba dejando. El poema decía lo mucho que me amaba, y en el otro lado de la hoja, en cambio decía algo así como: Me besé con otra y no puedo seguir contigo. Claro, no iba así el poemita, pero eso fue lo que me explicó luego cuando me lo topé en la vereda, después de muchos días sin saber de él. 
Ahí estaba, sentado, encogido mirando sus pies. Ido. Me senté junto a él y cuando sus ojos me miraron, vi sus pupilas dilatadas, no tenia color en sus mejillas, balbuceaba algo que no podía entender. Mientras tanto con su mano se abrió la camisa con lentitud y me mostró una parte de su pecho, vi una quemadura en forma de letra, la misma letra con la que empieza mi nombre.

Reaccioné creo yo, de la única manera posible:

Me levanté, y me fui. Él se quedó sentado mirando sus pies de nuevo, con la camisa entreabierta.

Creo que esa fue la razón de no haber utilizado más, aquel mail. Y me alegra de alguna forma saber que esos escritos están ahí, y la que era yo también.


Una cosa lleva a la otra, desde saber el tipo de mujer perfecta de mis amigos, hasta recordar el novio loco que aún debe seguir por ahí… de seguro. Yo también  me he imaginado al prospecto adecuado, pero una fantasea y a veces se encuentra con personas que ni te los imaginaste, pero son aquellas personas precisamente  las que me hacen notar lo mucho que he cambiado.

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